18 ago. 2008

SIN EXPLOSION, SIN CONTUNDENCIA, SIN PONER LA PELOTA CONTRA EL PISO, SIN BUONANOTTE

Versión post Ortega del River campeón

Está intacta la determinación ganadora y su decisión para buscar el triunfo hasta el último aliento. Por eso venció a Central con goles de Tuzzio y Ríos. Pero abundaron los pelotazos, lo que terminó desluciendo el tenor de la victoria merecida.

Por Daniel Guiñazú

El nuevo River le ganó a Central al viejo estilo: con lo justo, sin sobrarle nada, sin obsequiar belleza. A la misma hora en que Ariel Ortega iniciaba en Mendoza su aventura vital y deportiva, en el Monumental empezaban a preguntarse cómo habrá de ser la vida ahora que el ídolo jujeño no estará más en la cancha y con la camiseta de la banda roja.

No hay dudas: se lo extrañará muchísimo a Ortega. Y no sólo desde lo afectivo. Sin él y sin Buonanotte, el equipo de Simeone no tiene esas explosiones de habilidad y contundencia que le permitieron resolver a su favor en el Clausura más de un trámite enrevesado. Aunque ya no sea el mismo que deslumbraba hace una década, aunque su fútbol acuse los excesos de una vida desordenada, Ortega todavía podía aportar, esporádicamente, un rapto de su genio, un enganche inspirado, una gambeta inesperada, un pase gol. O sea, todo lo que le faltó ayer a River. Con la ausencia del Burrito, el peso de la creación recaerá, con exclusividad, sobre las espaldas de Buonanotte. Y habrá que ver si a los 20 años está preparado para ello. Atrevimiento le sobra. Su personalidad es lo que será puesto en juego.

Del gurrumín de Teodolina dependerá que River no dispare tantos pelotazos a la cabeza de Salcedo y que intente llegar en forma más coordinada y asociada, con más fútbol. Antes, Buonanotte lo tenía a Ortega para repartir la tarea. Ahora deberá hacerse cargo él solo de todo el trabajo. A su retorno de China lo espera el primero de los quehaceres pendientes: eludir la tentación de tirarle la pelota al paraguayo como método exclusivo de ataque.

Fue tan absorbente la forma en que River lo buscó a Salcedo, que salvo el gol de Ríos, en el minuto 90 del partido, todas sus situaciones de peligro llegaron por la vía aérea, o como consecuencia de ella. El centro o el pelotazo de frente o de perfil no fue un recurso más sino el sistema elegido, el fin y no el medio. Gustavo Bou –en el primer tiempo– y Andrés Ríos –en el segundo– jugaron en lugar de Falcao. Bou fue el lugarteniente de Salcedo a la hora de bajar pelotazos. Ríos propuso algo de juego a ras de piso, pero no alcanzó para cambiar el panorama. Cuando el colombiano esté en la cancha, es posible que la historia sea diferente. Al menos los rivales tendrán otro delantero que los hará preocupar.

Pero hubo otras novedades en el boletín de River. El 4-2-3-1 del equipo campeón del Clausura da la impresión de haber mutado a un 3-4-2-1 con Ponzio sobrando en el fondo, Tuzzio y Villagra como stoppers, Ferrari y Abelairas como volantes externos, Ahumada y ayer Barrado repartiéndose el medio juego, Rosales y Bou como extremos retrasados, y Salcedo como delantero de punta. Central atacó poco y, por eso, no es posible decir si River defiende ahora mejor que antes. Pero, en el medio, River aplicó una presión sobre Méndez y los dos González que resultó clave para cortar a los rosarinos por la mitad y aislar arriba a Zelaya y Vizcarra. Está intacta la determinación ganadora de River y su decisión para buscar el triunfo hasta el último aliento. Por eso ganó. Pero abundaron los pelotazos y eso afeó lo merecido de la victoria. Además, ya no está Ortega. A partir de este dato, lo mismo, necesariamente, será diferente.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libero/10-4010-2008-08-18.html

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