3 sep. 2008

SIMEONE DICE QUE EL EQUIPO APARECERÁ EN LA SEXTA FECHA. ¿CON CUÁNTOS PUNTOS PERDIDOS?

River no logra recuperar la identidad del equipo que ganó el Clausura: bajó el nivel individual y los jugadores no se adaptan aún al nuevo sistema.MARTIN BLOTTO | mblotto@ole.com.ar El River que defiende el título no es el mismo que lo ganó. No sólo por los (pocos) nombres que variaron, sino por el funcionamiento. La propuesta es la misma, pero los resultados son diferentes: este equipo no es tan agresivo como el del Clausura, maneja menos la pelota, no ataca tanto por las puntas, recurre demasiado a los centros y carece de peso en el área rival. Por eso, hasta el momento, el campeón no está. Es cierto que River perdió individualidades importantes, como Carrizo, Alexis Sánchez, Ortega y Abreu. Pero el cambio más notorio es colectivo. En el final del semestre anterior, River jugaba de memoria, cada jugador había aprendido perfectamente su función. La línea de cuatro se mantenía bien paradita y tanto Ferrari como Villagra podían turnarse para sumarse al medio o proyectarse, Abelairas aprovechaba mejor su visión de juego y pegada desde el centro del campo, los extremos se despegaban de la raya sólo para hacer la diagonal hacia el área y Falcao no chocaba con Abreu. Con algunos apellidos diferentes, la base estaba. Sin embargo, Simeone decidió abandonar el 4-2-3-1 y apostar por un 3-4-1-2. Y ese cambio por el momento arrojó más resultados negativos que positivos, fundamentalmente porque todos tuvieron que readaptarse al nuevo sistema: Ponzio a jugar de líbero y hasta podría hacerlo de primer central al menos mientras Quiroga y Cabral se ponen a punto), Villagra a ser stopper, Abelairas a su antigua posición de volante izquierdo (donde nunca pudo afianzarse). "De a poco me voy acostumbrando, porque algunos movimientos se olvidan y en un nivel tan alto a veces cuesta encontrar el ritmo de nuevo", reconoce el Pitu sobre su nueva-vieja función. Hasta Buonanotte, la figura y goleador del campeón, jugó en un puesto diferente el domingo. El del Enano es un caso especial, ya que su ausencia en las tres primeras fechas prácticamente obligó al Cholo a archivar el 4-2-3-1 porque ningún otro jugador tiene características similares a las del zurdo. Quizá podía mantener esa exitosa estructura sin tocar tanto, armando un cuarteto de ataque con Rosales, Flores o Bou, Falcao y Salcedo o Ríos. En el cambio también influyó que el técnico deseaba encontrarle un lugar a Ponzio. Y con Ahumada como 5 indiscutido, la mejor opción que encontró fue ubicarlo como líbero en una defensa de tres, por su capacidad de anticipo y velocidad para llegar a los cruces. Así, también sumó un volante de buen pie como Barrado, pero el equipo no ganó tenencia y perdió agresividad. "El equipo va a aparecer en la sexta fecha", dijo Simeone hace un par de semanas. Es un tiempo lógico para que se acoplen los nuevos. Ese mismo tiempo le costó acomodar al River campeón (sacó chapa de candidato ante Vélez en Liniers). Es más, hasta ese momento la figura era Carrizo, como ahora sucede con Ojeda. Claro que en el primer semestre del año el Cholo recién estaba imponiendo su estilo. Lo llamativo es que cuando había logrado aceitar el funcionamiento colectivo (aún sin brillo), movió las piezas y el campeón se desarmó. Puede resurgir, obvio, pero primero tiene que recuperar su identidad futbolística.

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