6 mar. 2009

U. SAN MARTIN DE PORRES 2 - RIVER 1

Y un año después se repite la historia y contra un novel equipo perdemos. Pierde la mediocridad que, tras años de política de venta, reventa y devastación de las inferiores para comprar mediocres da esta impotencia de que los nuestros, los que visten la ya lejana leyenda riverplatense, aunque quieran no pueden, no les da. Eso es la mediocridad. Que también alcanza al cuerpo técnico. El mismo que aplica un esquema no importa qué ocurra en la cancha y, entonces, los cambios se hacen a partir del minuto 13 del segundo tiempo. No importa si perdés 4 a 1 o 2 a 0. Un cuerpo técnico que determina que el mismo mediocre Rosales se haga cargo de pelota parada. No importa que no hiera, que no amenace. Es el criterio mediocre del número de la camiseta o de la antiguedad. No del talento. La misma mediocridad que pone un partido completo a Rosales, inútil que nos ha quedado pegado de las épocas de Passarella. O que no puede colocar a Gerlo y lo seguimos teniendo. O el técnico hace un acto de autoridad y presenta nada menos que 6 cambios sin tener ninguna seguridad de nada. River no es candidato a nada, salvo la extraordinaria suerte del Clausura 2009. Por sus mediocres jugadores adquiridos. Por la mediocritización de los que parecían buenos. Por un cuerpo técnico también mediocre, producto de que nadie con cartel te va a aceptar agarrar a estos jugadores y, menos aún, bajo la política desvastadora de esta comisión directiva. Estamos mal y vamos peor. Seguimos siendo sparrings de cuanto equipo pedorro anda por ahí. Y como dependés de un gordo, ya te mostró San Lorenzo cómo anularlo. Dos partidos perdidos al hilo, en cuatro días.