24 oct. 2010

ESTE ES EL DIANGÓSTICO CORRECTO: Vive una realidad distorsionada


Por Alberto Cantore
LA NACION 
River demuestra a cada paso que sufre de un serio problema de distorsión de la realidad. Se expone de tal manera que se desnuda como casi nadie. No parece haber entendido cuál es su problema y cuáles son sus limitaciones. Es arrogante desde el mensaje y necio para aceptar un cambio. Juega con la chapa de su condición de equipo grande, pero sin advertir que están devaluadas sus acciones en el fútbol argentino. Juega por lo que fue y no por lo que es. Lo enfrentó a Racing creyéndose algo que no puede sostener. Eso de equipo ofensivo y vertical como estandarte aplica en los libros, pero a este equipo millonario no le cuadra. Ayer quedó en evidencia, aunque en rigor en casi todos los partidos le sucede lo mismo.
Mucho tiene que ver cómo se expresa el equipo. Demasiada injerencia tiene Cappa, que elabora estrategias idealistas. River pareció amateur ante un rival que lo respeta tanto como le teme. Quizá la historia, esa que indica que ante la Academia tiene la supremacía más importante del fútbol local (85 a 37, más 42 empates), le permitió no quedarse vacío. Pero no tanto como para engrosar un flaco promedio y sacarlo de la estresante zona de la Promoción. Ni le alcanzó para hacer valer la estadística, la que presionaba al rival por llegar con apenas nueve partidos ganados en el Monumental, tierra casi inexpugnable para el equipo de Avellaneda.
Saca pecho con arrogancia, pero cae rápido ante lo endeble de sus posibilidades. Ni es suficiente con lo que queda de Ortega y mucho menos con la tibieza de Lamela o Funes Mori, arrebatados en su formación por las urgencias millonarias. Por eso, queda en el aire la sensación de que la categoría de Pavone está desaprovechada en este contexto. Así como la idea de que poder contar con Carrizo, a estas alturas, es una especie de bendición.
Así se explica que se mueva todo River con la histeria que lo rodea. Ayer no fue la de su técnico, porque pareció que los fallos de Patricio Loustau no lo alteraron. La tensión llegó desde afuera y esos nervios se traducen en el juego del equipo. Por eso, la pendiente que debe trepar el conjunto de Cappa es cada vez más pronunciada. Tanto que el DT se fue silbado en el entretiempo y Ferrero, el defensor que empezó el torneo como titular y que ahora es suplente, fue ovacionado cuando comenzó a hacer los movimientos previos a ingresar en el campo. Ah, la emoción por lo que ofreció el equipo duró 15 minutos, con el gol de Buonanotte y el empuje consecuente.
Se siente preso de la vorágine que implica no ganar -acumula seis sin éxitos-, y sufre el síndrome que padeció por mucho tiempo Racing: la gente se convirtió en hincha de su hinchada, le teme al promedio, tiene un club con problemas económicos, presiona ante el primer error y muestra un equipo inestable que está lejos de ofrecer su mejor versión.
Sufre por las bajas de Almeyda (tampoco estuvo ayer Acevedo y jugó Ballón), pero ése no es el gran problema de River, aunque no cambiaría radicalmente el escenario. Lo complejo está concentrado en la falta de triunfos y en la escasa capacidad para reconocerse con limitaciones. Siente que aquello del comienzo del torneo fue apenas un espejismo y, en este contexto, All Boys será un escalón muy alto. Casi tanto como el superclásico con Boca o el duelo con el San Lorenzo de Ramón en el Nuevo Gasómetro...
DIXIT
"Los empates nos tienen que preocupar porque necesitamos los tres puntos. Para llegar bien al superclásico primero hay que ganarle a All Boys"
ALEXIS FERRERO
"El mensaje de la gente lo escuchamos [ganarle a Boca], pero nosotros no podemos darnos el lujo de pensar de acá a dos fechas. Hay que pensar en ganar"
JUAN PABLO CARRIZO
"El empate está bien porque ninguno hizo más que el otro. Nos está costando ganar, estamos regalando muchos puntos. Hay que mejorar algunas cosas"



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