30 mar. 2012


El peligroso individualismo de River
por Claudio Mauri para LA NACION
La capacidad individual, que siempre fue un elemento constitutivo de la campaña de River en la B Nacional, ahora asoma como una amenaza para los intereses colectivos.
No es ningún secreto que la oscilante marcha -más de lo que muchos hubieran imaginado- del equipo en el ascenso tuvo sus momentos más favorables y promisorios cuando encontró respuestas en la calidad y la técnica de un puñado de sus jugadores.
Es generalizada la certeza de que River tiene el plantel más calificado de la categoría, lo cual no lo convierte automáticamente en el mejor equipo.
Almeyda lleva todo el torneo dándole vueltas a la formación y al sistema, desde el arquero hasta la dupla de atacantes, sin dar con un funcionamiento estable o un estilo reconocible, más allá de su marcada vocación ofensiva.
Desde algunos sectores se señala que River atraviesa por una fase en la que el individualismo que era solución se está transformando en problema por cuestiones de egoísmo, narcisismo y celos.
El detonante habría sido el lugar que Trezeguet se ganó rápidamente a fuerza de goles y definiciones quirúrgicas.
Sin embargo, la situación se incuba desde antes de que el campeón mundial con Francia se consolidara como una de las nuevas figuras. Algo se empezó a vislumbrar cuando Cavenaghi y el "Chori" Domínguez se insultaron y hasta tuvieron ganas de soltar un golpe durante el partido que River le ganaba 2 a 0 a Chacarita desde hacía un buen rato.
Los reproches mutuos eran que cada uno terminaba la jugada por su cuenta, cada uno buscaba su gol, sin importarles si había un compañero mejor ubicado. Este exceso de individualismo también se vio en otros encuentros. Y Almeyda se refirió al tema tras el empate con Gimnasia: "Si levantábamos la cabeza podríamos haber hecho un gol".
La campaña no es lo suficientemente holgada como para sustituir el objetivo principal por las realizaciones personales. Que el "Chori" Domínguez y Cavenaghi hayan atendido el llamado de River para poner el hombro en el peor momento de la historia no los autoriza al libre albedrío. La peor lectura que pueden hacer es que el campeonato es un desfile para que ellos se exhiban y se lleven todos los honores.
De ambos se espera otra clase de liderazgo, el de dos futbolistas que conocieron épocas de bonanza en River y que deberían haber vuelto con la madurez y la experiencia por haber jugado en Europa. En el plantel hay varios jóvenes que pueden confundirse si el ejemplo que bajan los referentes es más disociador que integrador.
Es cierto que hay números que hablan del compromiso de Cavenaghi: es el goleador (17) del equipo y de la B Nacional. En su justa medida, la impronta individual fue el sustento de River. Si es exacerbada, sólo le dará motivos para lamentarse


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