9 abr. 2015

TIGRES 2 - RIVER 2
queda un partido más y ... ¿?

El hecho de no haber podido ganar un solo partido en 5 ya jugados, ¿es mala suerte, fruto de un momento en que los astros se desalinearon para nuestro River? o, por el contrario, ¿es producto de lo que se pretende, del “modelo”?

El River del Muñeco vive del recuerdo. Vivimos de 5 partidos en el inicio del torneo final del año 2014. Luego de la lesión de Kranevitter, River empató 5 partidos seguidos lo que es coincidente con nuestro desempeño en la Libertadores y en el inicio del torneo local 2015.

River, luego,  cedió 5 puntos y terminó segundo en el torneo local anterior, por resguardar casi todo un equipo que debió ser parado por razón del cansancio. Las lesiones fueron un tema serio ya que afectaron sensiblemente al funcionamiento del equipo.

En esta Libertadores y el torneo local, River ha debido dar descanso a algunos jugadores y se multiplicaron las lesiones. 

Además, los resultados no se dan y cuando ello ocurre es por reacción y suerte antes que  por un correcto funcionamiento del equipo. Casi todos los partidos han tenido el protagonismo de San Barovero y algunas de Chiarini.

Como desarrollamos el tema es que concluimos en que es “el modelo” el que no termina de arrancar y el que erosiona las filas de jugadores.

El modelo implica jugar a una velocidad que supera a los recursos humanos con los que dispone River. No es casual que los delanteros erren tantas chances de gol. Este indicador que toma el Muñeco, lleva a errores de apreciación cuando se lo toma solo y sin los otros componentes que hemos expuesto. Se erra tanto, ya que en velocidad nuestros delanteros deben pegar sin pausa, a lo bruto. En estas condiciones, se manda afuera, al palo o al arquero, pero no se puede definir con fineza.

El modelo implica poner a todo el equipo en función del ataque. Si los delanteros metieran la mitad de las chances que generan, los partidos terminarían con muchos goles propios y contrarios, pero más de los nuestros. Ahora bien, cuando no se hacen los goles,  el equipo queda como bocatto di cardenale para el contrario, de cualquier nivel futbolístico. Dado que la defensa está en ataque, las llegadas tarde, el “sorprenderse” del contrario y paralizarse, son moneda corriente.

El modelo implica alto desgaste físico. Se corre y mucho. Se pone pierna. Pero con escasa productividad. El modelo genera, entonces, cansancio cada vez más cercano uno de otro y, además, riesgos de lesiones, cosa que ya hemos verificado.

En síntesis, el River de el Muñeco es hoy un malón, es decir, un grupo que corre sin mayor orden y conexión, empuja al contrario desguareciéndose atrás y propenso a una efectividad del 100% del equipo contrario: 1 llegada, 1 gol.

El River del Muñeco es hoy un River milagroso. Por milagro hemos ganado la Recopa. Por milagro empatamos contra Aurich en Lima y en Buenos Aires. Por milagro hemos empatado contra Tigres en México. Llamamos milagro a hechos extraordinarios en las manos de nuestro arquero y a iluminaciones de algún jugador que logra embocar un gol a tiempo para empatar y hasta para ganar algún partido.

Pero el Muñeco está convencido del Modelo y quién de la Comisión Directiva le dice que es, precisamente, el modelo el que está generando nuestro hasta ahora papelón en la Libertadores.

Contra San José en el Monumental el resultado debería ser contundente, del tipo 4 a 1 y hasta más. En la Libertadores casi todos los equipos participantes han liquidado hasta con 5 goles a rivales pedorros. Pero River, este River, no ofrece semejante seguridad. Nadie apuesta al 4-1 contra el pedorro San José. Y debería darse y creemos que así ocurrirá. Pero…

D´onofrio ha dicho que recordemos dónde estábamos, abriendo el paragüas por la eliminación de River en la Libertadores. No querido nuevo Presidente, miramos los hinchas dónde DEBEMOS estar y este primer cuatrimestre está siendo horrible, preocupante, desgastante, incierto. El 5-0 de un equipo suplente de la bosta mostró a jugadores displicentes, distraídos y esto sigue ocurriendo. 

Si no, ¿cómo se explica que perdiendo 3 a 1 lleguemos a empatar o, en México, yendo 2 a 0 terminemos 2-2? ¿Qué pasa en un equipo que “decide” hacer todo para hacer goles solamente cuándo va perdiendo y debe apelar una y otra vez al “orgullo” y al “milagro”? Que la displicencia, la distracción siguen actuando.

Este es el River del Muñeco y el que, lejos de insistir, debe cambiar rápidamente.


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